lunes, 26 de noviembre de 2007

El color del Odio

Si el odio tuviera un color, probablemente este sería el de cualquier bandera que fuera utilizada para marcar al que no la defienda. Si el odio tuviera un olor, probablemente sería a quemado como el que hemos imaginado cuando aparecía en nuestras televisiones las fotos del rey ardiendo.

Si el odio tuviera algún motivo para existir, probablemente ese motivo sería una simple excusa. Porque el odio no necesita nada más para existir.

Pero por encima del odio y de la sinrazón que lleva a algunos a defender una patria y una bandera, a insultar, a reprimir, amenazar y hasta incluso a matar para defender un concepto de nación que los demás no comparten, están los derechos inalienables de las personas. Los derechos a ejercer su libertad dentro de los límites que impongan las leyes de su nación, el derecho que tiene un ciudadano a salir con una bandera a la calle sea cual sea, el derecho a elegir hablar una lengua, dentro de las aceptadas en su comunidad, sea cuál sea. El derecho a elegir en que lengua quiere educar a su hijo y en que lengua quiere recibir las comunicaciones oficiales, y por encima de todo el derecho a ser respetado sea cual sea su elección.

No voy a defender una bandera, no voy a defender ninguna bandera, defenderé el derecho a llevar la que uno quiera, ni tampoco defenderé una lengua sino el derecho a elegirla y el derecho a usarla. Pero por encima de todo os animo a defender el derecho que tiene cualquier persona a tener una vida en paz, el derecho a no ser amenazado por sus ideas políticas, o por su defensa de las libertades. El derecho a poder coger el coche sin necesidad de mirar si tiene una bomba adosada. El derecho a la vida, que nos es inherente a todos y que a veces a base de ver como reiteradamente es transgredido nos hace acostumbrarnos a la violencia, con toda la naturalidad del mundo.

Y la solución está en nosotros en pasar a la total intransigencia con aquellos que violan reiteradamente los derechos de los demás, en ser intransigente con los partidos políticos que apoyan y consienten directa o indirectamente la violencia. La resistencia civil y la participación activa del ciudadano en la vida política son básicos para cambiar las dinámicas ya establecidas, y a veces consentidas por todos, con nuestra pasividad y resignación.

Cambiar el panorama depende de todos, porque a estas alturas muchos ya sabemos que el odio tiene colores y comenzamos a ver claramente cuales son esos colores, y quienes los defienden.

Margaret Manzano
castelldefels@ciutadans-ciudadanos.com

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